lunes, 28 de abril de 2008

Ah, el gran periodismo

28 de abril de 2008.- Arcadi Espada daba cuenta hace justamente una semana de su descubrimiento de un gran libro gracias a un profesor murciano, "La Loi Du Plus Faible - Généalogie Du Politiquement Correct". Aportaba como prueba un fragmento traducido que me hizo salir para encargarle a mi librero un ejemplar.
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Ayer, La Vanguardia se propuso mostrar y demostrar hasta qué punto es exacto el diagnóstico de André Lapied sobre el periodismo. Primero lean el texto del autor francés:
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"Comencemos por aplicar el precepto según el cual cuanto menos se tiene que decir, más se debe hablar. Quien no tiene nada que decir es, pues, el que será entrevistado con prioridad por los medios. ¿Cuántas veces hemos oído a testigos de hechos diversos o de catástrofes decirnos que las explosiones provocan un gran ruido, que las ametralladoras crepitan, que los bandidos huyen en coches rechinando los neumáticos, que los incendios generan un enorme calor, que el agua sube rápidamente durante las inundaciones, que los muros vibran cuando tiembla la tierra? Debemos considerar eso como informaciones. Son sabrosas también las palabras históricas de los conocidos de los criminales: gente cortés, bien educada, llevándose perfectamente con el vecindario, con una tranquilidad a toda prueba; ¿quién habría podido imaginar que individuos tan perfectos fuesen asesinos en serie, terroristas o pedófilos traficantes de niños? ¿Cómo resistir al pesar de los anónimos que deploran la desaparición de otros anónimos? Entre el florilegio: "La víctima bien podría haber sido yo", "Es muy triste para la familia", "Hay que ser solidarios". El entrevistador busca, pues, prioritariamente no la información útil o una interpretación clarificadora sino los lugares comunes y los juicios morales periclitados. Al margen de las exigencias de actualidad, el balance es muy halagador porque está permitido entrevistar a no importa quién sobre no importa qué asunto. No se requiere ninguna competencia de conocimiento, muy al contrario, el transeúnte es el igual de los expertos. Escuchando el tejido de trivialidades que resultan de este método, somos animados a repetir como loros las mismas pamplinas. Evitando dar la palabra a quienes tendrían un punto de visto motivado, eventualmente hasta pertinente, sobre la cuestión, la contradicción es evitada a buen seguro. La originalidad del propósito, adversario del pensamiento único, es así salvajemente combatida por lo políticamente correcto."
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Ahora, lean la presentación que La Vanguardia hacía anoche de la información sobre el Playa de Bakio:
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Titular: "El Patrón del atunero revela que les apuntaban con armas pero el trato era correcto".
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Recuerdo un texto análogo del diario Deia en los primeros años 80. Daba cuenta de un atraco perpetrado por tres 'yonkies' con escopetas de cañones recortados. La pieza informativa describía el atraco y terminaba con estas palabras: "Después, los tres jóvenes, que no hicieron uso de la violencia en ningún momento. huyeron con un botín de 300.000 pesetas." La historia del periodismo español, y por ende, del vasco, está llena de primeras ruedas de prensa de secuestrados por ETA después de su liberación y de primeras preguntas como ésta: "¿Qué tal le han tratado sus secuestradores?"
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Tampoco se pierdan el subtítulo de La Vanguardia sobre el caso del atunero vasco:
Subtítulo: "La hija de uno de los pescadores dice que le da igual lo que hayan pagado o hayan dejado de pagar".
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domingo, 27 de abril de 2008

El desdén


Qué vergüenza. Descubro que no hay una calle dedicada a Galdós en Gerona. Ningún otro escritor ha puesto, como él, a la ciudad en el mapa del mito. El Episodio dedicado al sitio de los franceses, tremebundo y emocionante, pintura negra de los horrores de la guerra, es de los mejores que escribió. Luego remachó el clavo con una obra de teatro, concisamente titulada Gerona. Las fuerzas vivas no han visto aún el momento de agradecérselo. Es un excelente ejemplo de la memoria histórica catalana. Ni las fuerzas vivas ni las fuerzas muertas, aunque sea difícil distinguirlas. Cuando en el año 1914 se organizó una recolecta nacional para aliviar la situación de un Galdós pobre, desamparado y ciego el Ayuntamiento de la ciudad rechazó sumarse. Lo impidió el establishment habitual hasta nuestros días: es decir, la suma de regionalistas y carlistas (versión jaimita), que tumbaron la propuesta de republicanos y liberales. Lo explica Jean-François Botrel en un artículo muy didáctico donde se destruye cualquier posibilidad de que Galdós fuera en su tiempo un escritor nacional: sólo el escritor de una burguesía y de una nación que nunca llegaron a constituirse.
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El desdén pasado y presente de Gerona hacia Galdós es el símbolo perfecto del desdén general con que la dirigencia cultural y política catalana observa el bicentenario del levantamiento. El desdén sólo tiene una coartada: el error del remoto presidente Joaquín Leguina, cuando decidió hacer del 2 de mayo la fiesta de la Comunidad de Madrid, truncando su celebración española. (Es instructivo echar un vistazo a la prensa de hace cien años: el 2 de mayo se celebraba con pompa y pólvora en todas las ciudades de España). Vuelta a Galdós y a su rol fundamental en el relato. Jordi Pujol se lamentó en una ocasión de que Cataluña no hubiese tenido un galdós: no acertaba a ver, tan nacionalista y tan présbite, que lo había tenido y era Galdós. Pero más allá del incidente visual su razonamiento era certero. Galdós fijó la crónica nacional española de la época moderna, con independencia de que, siguiendo la tesis de Botrel, no tuviera lectores ni propagandistas ni legisladores. Digamos que, de algún modo, dejó la crónica disponible.
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Si los socialistas catalanes, que dominan todos y cada uno de los resortes de la Cataluña contemporánea, no tuvieran un comportamiento político vergonzantemente (y a veces vergonzosamente) nacionalista; si hubiesen sido capaces de fijar un estandar cultural propio, equidistante del jaimismo y del regionalismo; si pudiesen proclamarse sin anacronismo ni abuso herederos legítimos de esos republicanos y liberales que se batían el cobre por Galdós, cuando la reacción lo vejaba por anticlerical y disolvente, abrazarían esa crónica y harían del escritor un héroe de las Españas y hasta del federalismo asimétrico.
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¡Pero quia, Galdós! Un madrileño…
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(Coda: «Dígasme tú, Girona si te n’arrendiràs…/Lirom lireta./Cóm vols que m’rendesca/si España non vol pas» Gerona. Benito Pérez Galdós.)
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sábado, 26 de abril de 2008

ALMEJAS

por
IGNACIO CAMACHO
El envilecimiento de la política vasca no es más que el reflejo de una sociedad enferma en la que se ha perdido la percepción de los códigos naturales que distinguen entre el bien y el mal, entre la justicia y la injusticia, entre la libertad y la opresión, entre la decencia y la abyección. Siempre hay un casuismo, una excepción, una excusa, un atrabiliario porqué con el que justificar el extravío de la normalidad, aunque se trate de una normalidad tan simple, tan elemental, tan primaria como rechazar o condenar un asesinato. En la asfixiante cerrazón de su burbuja moral, esa gente maneja extravagantes argumentarios que creen dotados de una lógica coherente sin reparar en que para la mayoría de los mortales se trata sencillamente de la expresión de un siniestro y descabellado desvarío colectivo.

El simulacro de moción de censura en Mondragón podría ser un preclaro símbolo de todo este dislate envenenado de relatividades. Para empezar, nacionalistas y socialistas celebran como un gozoso progreso histórico el perifrástico acuerdo para pedir a los cómplices de los asesinos que se muestren al menos consternados por los asesinatos. A ese peregrino hallazgo cobardón lo llaman «moción ética», no siendo más que un pusilánime rodeo para dilatar la expulsión de una alcaldesa indigna a la que jamás se debió permitir el acceso al cargo ni a la candidatura. Después, en una pirueta incomprensible, la concejala del Partido Popular, mujer valerosa de coraje casi heroico, decide abstenerse de apoyar ese mínimo punto de encuentro, refugiada en un alambicado razonamiento sobre la hipocresía de sus colegas. Luego, los bizarros arrendatarios de la franquicia de IU dividen su voto entre la abstención y la negativa, convirtiéndose de hecho en cómplices de los cómplices, y permiten que incluso el timorato requerimiento de dignidad naufrague en la orilla de su propia tibieza. Para remate, el periódico proetarra se cachondea con cáustica crueldad del sainete -«PNV y PSE se quedan solos»-, enfatizando con mordacidad punzante la incomprensible comedia de despropósitos. Y todo eso en medio de un clima intimidatorio de amenaza y coacción sin el que acaso podría resultar esperpéntico lo que no es más que la escenificación simbólica de una profunda tragedia de confusiones morales.

Quizás intimidado por el coriáceo ejercicio de intransigencia de sus correligionarios vascos, hasta el siempre contemporizador Llamazares se ha visto obligado a ejercer contra ellos una pantomima disciplinaria, acusándolos de tener «menos sensibilidad que una almeja». Pero bien poco después, en Hernani, otro presunto ejemplar de molusco calcaba la jugada ante una fotocopia de la audaz requisitoria «ética», igualmente fracasada en virtud de su equidistante criterio de papel de fumar evidencias. He aquí, en este demencial teatro del absurdo, la paradoja macabra del drama vasco, empantanado en rebuscados retruécanos dialécticos, contemplaciones justificatorias y achantados canguelos que dan carta de naturaleza a la violencia como sistema de poder y a la amenaza como forma de dominio. Qué culpa tendrán de todo eso las almejas.

Paraje Natural de Interés Nacional de Pinya de Rosa

A LA MESA DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA

ALBERT RIVERA DIAZ, Portavoz del Grupo Parlamentario Mixto y JOSE DOMINGO DOMINGO, Diputado del Grupo Parlamentario Mixto perteneciente a Ciutadans – Partido de la Ciudadanía, de acuerdo con lo previsto por los artículos 145 y 146 del Reglamento de la Cámara, presentan la siguiente PROPUESTA DE RESOLUCIÓN

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

De acuerdo con el artículo 29 de la Ley 12/1985, de 13 de junio de espacios naturales, corresponde a la Administración de la Generalitat la gestión de los parajes naturales de interés nacional o PNIN.

El artículo 34 de la misma ley de espacios naturales dispone que la Generalitat tienen que tomar las medidas procedentes para la adquisición del suelo en aquellos espacios naturales de protección especial en la medida que lo requiera su gestión eficaz, especialmente en las fincas que por su fragilidad han de ser objeto de la protección más estricta.

Igualmente, la ley 25/2003, de 4 de julio, declara paraje natural de interés nacional a la finca Pinya de Rosa de Blanes, y dispone en el artículo 3 que ésta debe ser gestionada por el Departamento de Medio Ambiente. Según el preámbulo de esta ley, Pinya Rosa forma parte de un espacio único en esta zona de la costa Brava por su valor paisajístico y medioambiental, así como por su fauna y flora, por lo que ha sido preservada de la urbanización y declarada espacio natural de protección especial.

Esta declaración, de acuerdo con el artículo 33 de la Ley de espacios naturales, comporta la utilidad pública de todos los terrenos que conforman la finca Pinya de Rosa a efectos de expropiación.

La Generalitat podría ejercer el derecho de tanteo dentro de los tres primeros meses a contar desde la notificación previa de la compraventa de la finca Pinya Rosa, plazo que termina el próximo 18 de mayo de 2008. No obstante, el Gobierno ha mantenido, hasta el momento, una pasividad absoluta y, de no ejercer su derecho de tanteo, deberá cumplir con carácter de urgencia sus obligaciones de acuerdo con la ley 25/2003, de 4 de julio, para que la finca Pinya de Rosa sea respetada por sus nuevos propietarios como espacio natural de protección especial.




Por todo lo anterior, los miembros de Ciutadans-Partido de la Ciudadanía, pertenecientes al Grupo Parlamentario Mixto, presentan la siguiente,


PROPUESTA DE RESOLUCIÓN


El Parlamento de Cataluña insta al Gobierno de la Generalitat a

Ejercer su derecho de tanteo y adquirir el Paraje Natural de Interés Nacional de Pinya de Rosa antes del día 18 de mayo de 2008.

Desarrollar un Consejo Rector del espacio de acuerdo con lo previsto en la ley 12/1985, del Plan de Espacios de Interés Natural.

Aprobar y publicar el Plan Rector del uso, gestión y protección del paraje natural de Pinya Rosa en cumplimiento de lo previsto en la disposición adicional tercera de la ley 25/2003.

Asegurar que, de producirse un cambio de titularidad, sigan protegidos los elementos naturales que motivaron la declaración de la finca Pinya de Rosa como Paraje Natural de Interés Nacional, así como las funciones y servicios ambientales especificados en los documentos científicos y técnicos en los que se basó la ley.

Palau del Parlament, 24 de abril de 2008

El Portavoz El Diputado de
Ciutadans-Partido de la Ciudadanía




Albert Rivera Diaz José Domingo Domingo

viernes, 25 de abril de 2008

Como decía la canción....

VAMOS A CONTAR MENTIRAS, LARALA....



Una vez más, el gobierno de ZP y el Tripartito, se ríe de Cataluña, de los catalanes y de toda la nación española.

¿Váis a seguir tragando? Pues si, continuáis tragando, menos los 48000 votantes de Ciudadanos...

jueves, 24 de abril de 2008

Familias vascas denunciarán a todos los centros que se nieguen a enseñar en castellano

Quiero recuperar una noticia salida el mes pasado en LIBERTAD DIGITAL
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La inmersión lingüística sigue siendo un objetivo prioritario para los gobiernos nacionalistas. El Ejecutivo Ibarretxe pretende ahora eliminar la enseñanza en castellano en favor del euskera. Según informa La Razón, la Plataforma por la Libertad Lingüística ha instado al presidente del Gobierno a que trate la eliminación del castellano en las aulas en la Conferencia de Presidentes. Además, denunciarán estos hechos al Tribunal de Luxemburgo y al Superior de Justicia del País Vasco e incluso al Constitucional.
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Los padres del País Vasco se están revelando contra la inmersión lingüística que está imponiendo el Ejecutivo de Ibarretxe. De este modo, la Plataforma por la Libertad Lingüística ha solicitado reuniones con los presidentes de las Comunidades Autónomas para informarles de las consecuencias, que tendría el proyecto del lehendakari, para los ciudadanos que se instalen en la comunidad vasca.

En una declaración producida este lunes, la plataforma ha anunciado que denunciarán a todos los centros que no permitan a sus hijos escolarizarlos en castellano. Para ello, han anunciado que hablarán con todos los agentes sociales y políticos implicados para que se pueda garantizar la libertad de los padres para elegir la lengua de escolarización. Si el Ejecutivo de Ibarretxe no cumple este derecho recurrirán al Tribunal Constitucional.

En este sentido, la Plataforma por la Libertad Lingüística podría denunciar la vulneración de este derecho al Tribunal de Luxemburgo y al Superior de Justicia del País Vasco. Además, entienden que el gobierno vasco utiliza las subvenciones a los centros concertados para llevar a cabo su proyecto de inmersión. En el TSJPV se encuentra también recurrido por el Partido Popular el decreto del currículum vasco en el que se prima el aprendizaje del euskera.

Pablo Gay-Pobes, secretario de la plataforma, ha anunciado que van a presentar una queja ante la alta inspección del Ministerio de Educación para que obligue a dos centros de Vitoria a ofertar los modelos A (castellano) y B (bilingüe) el próximo curso, después de que los hayan suprimido de un año para otro. Concretamente se ha referido a los colegios "Sagrado Corazón" y "Marianistas", que "sin acreditar la falta de demanda de estas dos líneas educativas, las han cerrado".

Este proyecto pretende introducir la eliminación del castellano en las aula. Por ello quieren aprovechar la promesa del presidente Rodríguez Zapatero de convocar una conferencia de Presidentes a la mayor brevedad. En ella, la plataforma aspiraría a que se debatiera la vulneración del derecho a elegir la lengua en la que quieren que sus hijos estudien que se está produciendo en comunidades como Cataluña, País Vasco y Galicia.

El nuevo modelo tendría al vasco como lengua dominante sobre todo en las asignaturas de mayor calado con el adoctrinamiento ideológico que podría conllevar. Así, se suprimirán los modelos de estudio en castellano y el sistema bilingüe y se exigirá a los alumnos a tener un nivel en vascuence equivalente al first de inglés.

Según denuncian varios padres vascos en el diario de Planeta, los centros ponen todo tipo de excusas para no ofertar plazas en castellano asegurándoles que no les garantizarían tener plaza en ese colegio y que tendrían que "marchar a otro lleno de marroquíes".

En este sentido, la Plataforma por la Libertad Lingüística podría denunciar la vulneración de este derecho al Tribunal de Luxemburgo y al Superior de Justicia del País Vasco. Además, entienden que el gobierno vasco utiliza las subvenciones a los centros concertados para llevar a cabo su proyecto de inmersión. En el TSJPV se encuentra también recurrido por el Partido Popular el decreto del currículum vasco en el que se prima el aprendizaje del euskera.

Todos somos liberales

Todos somos liberales
por

Mario Vargas Llosa

La palabra de moda es liberal. Pasa con ella lo que, en los sesenta, con las palabra socialista y social, a las que todos los políticos y los intelectuales se arrimaban, pues, lejos de ellas, se sentían en la condición de dinosaurios ideológicos. El resultado fue que corno todos eran socialistas o, por lo menos, sociales —socialdemócratas, social cristianos, social progresistas— aquellas palabras se cargaron de imprecisión. Representaban tal mezcolanza de ideas, actitudes y porqués que dejaron de tener una significación precisa y se volvieron estereotipos que adornaban las solapas oportunistas de gentes y partidos empeñados en “no perder el tren de la historia” (según la metáfora ferrocarrilera de Trotsky).
Ahora todos somos liberales. Lo que equivale a nadie es liberal. Para algunos, liberal y liberalismo tienen una exclusiva connotación económica y se asocian a la idea del mercado y la competencia. Para otros es una manera educada de decir conservador, e incluso troglodita. Muchos no tienen la menor sospecha de lo que se trata, pero comprenden, eso sí, que son palabras de fogosa actualidad política, que hay, por tanto, que emplear (exactamente como en los cincuenta había que hablar de compromiso; en los sesenta, de alineación; en los setenta, de estructura, y en los ochenta de perestroika).
Si uno quiere ser entendido cada vez que emplea los vocablos liberal y liberalismo conviene que los acompañe de un predicado especificando qué pretende decir al decirlos. Ello es necesario para salir al fin del embrollo político-lingüístico en el que hemos vivido gran parte de nuestra vida independiente.

Las primeras lecciones de liberalismo yo las recibí de mi abuelita Carmen y mi tía abuela Elvira, con quienes pasé mi infancia. Cuando ellas decían de alguien que era un liberal, lo decían con un retintín de alarma y de admonición. Querían decir con ello que esa persona era demasiado flexible en cuestiones de religión y de moral, alguien que, por ejemplo encontraba lo más normal del mundo divorciarse y recasarse, leer las novelas de Vargas Vila y hasta declararse libre pensador. La suya era una versión más restringida, latinoamericana y decimonónica de lo que es un liberal. Porque los liberales del siglo XIX, en América Latina, fueron individuos y partidos que se enfrentaban a los llamados conservadores en nombre del laicismo. Combatían la religión de Estado y querían restringir el poder político y a veces económico de la Iglesia, en nombre de un abanico de mentores Ideológicos —desde Rosseau y Montesquieu hasta los jacobinos— y enarbolaban las banderas de la libertad de pensamiento y de creencia, de la cultura laica, contra el dogmatismo y el oscurantismo de la ortodoxia religiosa.

Hoy podemos damos cuenta que, en esa batalla de casi un siglo, tanto liberales como conservadores quedaron entrampados en un conflicto monotemático excéntrico a los grandes problemas: ser adversarios o defensores de la religión católica Así contribuyeron decisivamente a desnaturalizar las palabras, las doctrinas y valores implícitos a ellas con que vestía sus acciones políticas.

En muchos casos excluido el tema de la religión, conservadores y liberales (latinoamericanos) fueron índiferenciables en todo lo demás y, principalmente, en sus políticas económicas, la organización del Estado, la naturaleza de las instituciones y la centralización del poder (que ambos fortalecieron de manera sistemática siempre). Por eso, aunque en esas guerras interminables, en ciertos países ganaron los unos y en otros los otros, el resultado fue más o menos similar: un gran fracaso nacional. En Colombia, los conservadores derrotaron a los liberales. Y en Venezuela estos a aquellos y eso significó que la Iglesia católica ha tenido en este último país menos influencia política y social que en aquél. Pero en todo lo demás, el resultado no produjo mayores beneficios sociales ni económicos ni a unos ni a otros, cuyo atraso y empobrecimiento fueron muy semejantes (hasta la explotación del petróleo en Venezuela, claro está).

Y la razón de ello es que los liberales y conservadores latinoamericanos fueron ambos tenaces practicantes de esa versión arcaica —la oligárquica y mercantilista— del capitalismo, a la que, precisamente, la gran revolución liberal europea transformó de raíz. Al extremo de que, en muchos países, como el Perú, fueron los conservadores, no los liberales, quienes dieron las medidas de mayor apertura y libertad, en tanto que en la economía estos practicaron el intervencionismo y el estatismo.

Lo cierto es que el pensamiento liberal estuvo siempre contra el dogma —contra todos los dogmas, incluido el dogmatismo de ciertos liberales— pero no contra la religión católica ni ninguna otra y que más bien la gran mayoría de filósofos y pensadores del liberalismo fueron y son creyentes y practicantes de alguna religión. Pero si se opusieron siempre a que, identificada con el Estado, la religión se volviera obligatoria: es decir, que se privara al ciudadano de aquello que para el liberalismo es el más preciado bien: la libre elección. Ella está en la raíz del pensamiento liberal, así como el individualismo, la defensa del Individuo singular de ese espacio autónomo de la persona para decidir sus actos y creencias que se llama soberanía, contra los abusos y vejámenes que pueda sufrir de parte de otros individuos o de parte del Estado, monstruo abstracto al que el liberalismo, premonitoriamente, desde el siglo XVIII señaló como el gran enemigo potencial de la libertad humana al que era imperioso limitar en todas sus Instancias para que no se convirtiera en un Moloch devorador de las energías y movimientos de cada ciudadano.

Si la preocupación respecto al dogmatismo religioso ha quedado anticuada desde una perspectiva latinoamericana, en la que un laicismo que no dice su nombre avanza a grandes zancadas desde hace décadas, la crítica del Estado grande como fuente de injusticia e ineficiencla de la doctrina liberal tiene en nuestros países vigencia dramática. Unos más, unos menos, todos padecen un gigantismo estatal del que han sido tan responsables nuestros llamados liberales como los conservadores. todos contribuyeron a hacerlo crecer, extendiendo sus funciones y atribuciones, cada vez que llegaban al gobierno, porque, de ese modo, pagaban a su clientela, podían distribuir prebendas y privilegios, y, en una palabra, acumulaban más poder.

De ese fenómeno han resultado muchas de las trabas para la modernización de América Latina: el reglamentarismo asfixiante, esa cultura del trámite que distrae esfuerzos e inventivas que deberían volcarse en crear y producir, la inflación burocrática que ha convertido a nuestras instituciones en paquidermos ineficientes y a menudo corrompidos; esos vastos sectores públicos expropiados a la sociedad civil y preservados de la competencia, que drenan inmensos recursos a la sociedad, pues sobreviven gracias a cuantiosos subsidios y son el origen del crónico déficit fiscal y su correlato: la Inflación.

El liberalismo está contra todo eso, pero no está contra el Estado, y en eso se diferencia del anarquismo, que quisiera acabar con aquél. Por el contrario, los liberales que no sólo aspiran a que sobrevivan los estados sino a que ellos sean Io que precisamente no son en América Latina: fuertes, capaces de hacer cumplir las leyes y de prestar aquellos servicios, como administrar Justicia y preservar el orden público, que les son inherentes. Porque existe una verdad poco menos que axiomática —muy difícil de entender en países de tradición centralista y mercantilista: que mientras más grande es el Estado, es más débil, más corrupto y menos eficaz.
Es lo que pasa entre nosotros. El Estado se ha arrogado toda clase de tareas, muchas de las cuales estarían mejor en manos particulares, como crear riqueza o proveer seguridad social. Para ello ha tenido que establecer monopolios y controles que desalientan la iniciativa creadora del individuo y desplazan el eje de la vida económica del productor al funcionario, alguien que, dando autorizaciones y firmando decretos, enriquece, arruina o mantiene estancadas a las empresas. Este sistema enerva la creación de riqueza, pues lleva al empresario a concentrar sus esfuerzos en obtener prebendas de poder político, a corromperlo o aliarse con él, en vez de servir al consumidor. Pero además, el mercantilismo provoca una progresiva pérdida de legitimidad de ese Estado al que el grueso de la población percibe como una fuente continua de discriminación o Injusticia.

Este es el motivo de la creciente informalización de la vida y de la economía que experimentan todos nuestros países. Si la legalidad se convierte en una maquinaria para beneficiar a unos y discriminar a otros. Si solo el poder económico o el político garantizan el acceso al mercado formal, es lógico que quienes no tienen ni uno ni otro trabajen al margen de las leyes y produzcan y comercien fuera de ese exclusivo club de privilegiados que es el orden legal. Las economías Informales parecieron durante mucho tiempo un problema No lo son, sino, más bien, una solución primitiva y salvaje, pero una solución, al verdadero problema; el mercantilismo, esa forma atrofiada del capitalismo, resultante del sobredimensionamiento estatal. Esas economías informales son la primera forma —y es significativo que sean una creación de los marginados y pobres— aparecida en nuestros países de una economía de libre competencia y de un capitalismo popular.

Este es el más arduo reto de la opción liberal: adelgazar drásticamente al Estado, ya que ésta es la más rápida manera de tecnificarlo y de moralizarlo. No solo se trata de privatizar las empresas públicas devolviéndolas a la sociedad civil; de poner fin al reglamentarismo kafkiano y a los controles paralizantes y al régimen de subsidios y de concesiones monopólicas y, en una palabra, de crear economías de mercado de reglas claras y equitativas, en las que el éxito y el fracaso no dependen del burócrata, sino del consumidor. Se trata, sobre todo, de desestatizar unas mentalidades acostumbradas por la práctica de siglos —pues esta tradición se remonta hasta los Imperios prehispánicos colectivistas en los que el individuo era una sumisa función en el engranaje Inalterable de la sociedad— a esperar de algo o de alguien —el emperador, el rey, el caudillo o el gobierno— la solución de sus problemas, una solución que tuvo siempre la forma de la dádiva.

Sin esa desestatización de la cultura y la psicología, el liberalismo será letra muerta.