miércoles, 30 de julio de 2008
La seguridad vial en Cataluña exclusiva para catalanes.
Ciudadanos ha propuesto la utilización de las dos lenguas oficiales en la señalización vial para garantizar los derechos de los conductores.
Video de intervención del diputado Pepe Domingo.
Jugar con las vidas de los ciudadanos. Todo sea por la "construcció nacional". Quizás, si se matan los "inadaptats al país" lo celebren y todo. Lamentable...
viernes, 25 de julio de 2008
Mesa Informativa en Gerona por el "Manifiesto"
Todo y el calor sofocante que hacía a esas horas de la tarde, algunos miembros de la Federación de Gerona pusimos una mesa informativa y recogimos medio centenar de firmas en apoyo al manifiesto en poco más de una hora. Numerosas personas, mostraron su efecto al manifiesto y conocieron de primera mano, que es Ciudadanos.
El próximo miércoles, volvemos a la carga.
El PP y el Manifiesto
Hoy, las instituciones catalanas practican políticas despóticas contra los hablantes en castellano en todos los niveles de la sociedad, estableciendo modelos de control lingüísticos en todos los ámbitos (escuelas, universidad, oficinas de cultura, comercios, toponimia, seguridad vial...). El entramado político, cultural y educacional ejerce una política totalitaria. El nacionalismo catalán, aquel en el que se mira el nuevo PP, busca destruir la cultura catalana expresada en castellano y desestabilizar el equilibrio social de una sociedad perfectamente bilingüe. La inmersión lingüística aplicada por la Generalitat desde la época de CIU, usando la lengua como arma de exclusión, imponiendo por la fuerza una lengua sobre la otra, todo y habiendo dos oficiales y siendo una sociedad bilingüe, me recuerda a las mismas políticas seguidas durante el régimen franquista, cuando se decía que el genocidio cultural estaba en la mente y el corazón de la gente imperialista porque piensa que su lengua es superior a las otras. Hoy, esta idea de imponer la lengua se lleva a término a nuestras ciudades, que en nombre de una de las dos lenguas oficiales de Cataluña se discrimina, se persigue y se censura la otra lengua oficial, la castellana. Se tendría que recordar a los nacionalistas que emplear la terminología inventada de lengua propia, cuando realmente se debe decir lengua materna, prohíbe al individuo de sus derechos lingüísticos, una medida completamente predemocrática y reaccionaria. No se debería olvidar que los derechos son de las personas, no de los territorios, al menos para nosotros.
martes, 22 de julio de 2008
Por los derechos de catalanes, gallegos y vascos
Las cabecitas nacionalistas siempre tienen las bombillas dispuestas para alumbrar un conflicto en los lugares más remotos. En cierto momento, mis deberes institucionales -que no mis intereses profesionales- me llevaron a vender cursos de español en Norteamérica. Y, en aquellas andanzas, me topé con un avispado político quebécois que me reveló el astuto plan, un tanto desencantado, eso sí, al encontrarse con mi asombro como persona, en lugar de mi entusiasmo como español: la diabólica idea consistía en imponer el español como segunda lengua, de manera tal que, siendo el francés, naturellement, la primera, quedaría marginado el inglés -y con él, pensé yo, millones de niños de la desdichada provincia en un subcontinente, y un mundo, de habla inglesa. Porque, en efecto, el problema en Canadá no lo tenía el inglés. El problema lo tenían los niños québecois, a punto de ser sometidos al experimento nacionalista.
Por eso mismo, tienen razón los airados nacionalistas del contra-manifiesto frente al de la defensa de la legua común: el castellano o español, como tal lengua, no necesita defensa. Se defiende sólo mejor que bien. Es un idioma en expansión, hablado en cuatro continentes por unos 450 millones de habitantes, una de las tres lenguas más traducidas, con más páginas editadas y, tras el inglés, el más aprendido como segundo idioma. Ese no es el asunto, pues. Tampoco la cuestión está en el texto constitucional -que es acertado y preciso- como ha sido señalado en estas mismas páginas por el Profesor Solozábal, en un artículo ponderado y meditado. Pero, claro, toda legislación -y esto también lo reconoce nuestro jurista- hay que aplicarla. En otro caso, es papel mojado. Y resulta que, en este caso, lo es. Todos sabemos porqué. Sabemos que hay partidos radicales y políticos profesionales extremistas y autoritarios dedicados a construir naciones a la fuerza y fabricar nacionalistas por imposición. Y pueden hacer lo que hacen -también lo sabemos todos- porque Zapatero los ha convertido en su principal socio constituyente, como fórmula para aislar y expulsar al PP del sistema.
La imposición de una lengua, en lugar de la libertad de elección, es parte del programa político y práctica del quehacer diario del nacionalismo soberanista. Por eso, también sabemos que empieza a ser más fácil escolarizar en castellano a un niño en Bruselas que en Barcelona. Las víctimas de la cruzada nacionalista no son los hispano hablantes de los EE. UU., pongamos por caso, que pronto superaran en número a los de la propia España. A los habitantes de Los Ángeles (Ca), Zacatecas o Puerto Mont, les traen al fresco la patología identitaria ibérica que, en algunos colegios, llega al extremo de reprender a los niños por hablar en español en el recreo. A los de Sevilla o Madrid, la agresión nacionalista les podrá indignar pero la verdad es que afectar, les afecta poco. Ellos no sufren el problema. Si acaso -y puestos a buscar el comentario cínico- les favorece: que Madrid se ha beneficiado del aldeanismo nacionalista que padece Barcelona y otros lugares, a la vista está.
El problema lo tienen los niños catalanes, gallegos y vascos, a quienes se margina de un vehículo de inteligencia universal. Sobre todo, es un problema que afecta a los más modestos porque las gentes con posibles siempre pueden escapar de la discriminación por la puerta de la enseñanza privada: una vez más, la desigualdad está en la raíz de la política nacionalista. El problema, pues, no es el idioma. El problema es el derecho de las personas. ¿Hay algo más normal que, en un país cuya lengua mayoritaria es el castellano, las familias lo elijan -y lo exijan en los centros públicos- como idioma vehicular de la enseñanza de sus hijos? Y el entorpecer, violentar o impedir ese derecho en la práctica, ¿no es acaso una injusticia de la misma naturaleza a la cometida por Franco con aquellos ciudadanos catalanes o vascos que reclamaban la completa normalización de esos idiomas? En la misma línea, ¿puede sostenerse sin avergonzarse el espectáculo de unos funcionarios que dedican su tiempo -y el dinero de los contribuyentes- a imponer a golpe de multa el idioma políticamente correcto en que deben aparecer los rótulos de las empresas privadas? ¿Y qué decir de la imposición del idioma en los informes clínicos de unos pacientes que lo que ansían es curarse, aunque sea en serbo-croata?
Toda esta pócima nacionalista despide un hedor autoritario insoportable y, a la postre, degradará los países y las culturas que alardea querer proteger, en la medida que administra recetas para el subdesarrollo. Hay, en efecto, lugares de nuestro país que hicieron su fortuna y labraron su éxito -que es el de todos- compitiendo por rentas comerciales e industriales pero, desgraciadamente, el virus nacionalista, que lo que persigue es maximizar poder, les está llevando a luchar por rentas fiscales -que es lo opuesto a su tradición e historia. En otro tiempo, Cambó reclamaba la “catalanización” de España. Y lo cierto es que, en poco más de un siglo, casi toda España se ha convertido en esa “Catalunya gran”, tolerante, cosmopolita e industriosa, con que soñara el dirigente de la Lliga. Lo que el gran político catalán nunca pudo suponer es que los nacionalistas se dedicaran ahora a “españolizar” -en el sentido más rancio y franquista del verbo- a Cataluña. Porque la triste realidad es que de vascos industriosos y comerciantes catalanes, los nacionalistas están fabricando políticos y burócratas provincianos, cerrados y ensimismados; en suma -y en palabras estereotipadas- madrileños. Pero madrileños de hace siglos. Por eso acabarán mal.
José Varela Ortega
domingo, 20 de julio de 2008
El PSC, ¿partido nacionalista?
Eso sí, el texto matiza acto seguido que la ‘nación’ la integran ‘todos los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña con independencia de su origen y de su lengua materna’, para que los mismos delegados quepan en la primera definición y la gran mayoría de sus votantes.
En la declaración de principios (.doc), el PSC se ha autodefinido como ‘catalanistas’ porque quieren ‘la libertad y el autogobierno de Cataluña para construir una sociedad abierta, avanzada, inclusiva, capaz de unir en un mismo proyecto a personas de procedencia diversa’, lo cual les acerca mucho, mucho, a la definición que desde hace unos años defienden partidos como ERC y CiU, que hablan de una Cataluña libre, como si actualmente la Comunidad no lo fuera.
‘Afirmamos nuestra realidad nacional’, es decir, nuestro ‘compromiso cotidiano con la lengua y la cultura catalanas’, que es todavía ‘plenamente compatible con el respeto a la lengua castellana que forma parte’ de Cataluña, pero no puntualizan si lo es o no.
En la misma declaración, han reiterado que ‘la lucha por el socialismo y por la libertad nacional de Cataluña son objetivos inseparables de nuestro proyecto’ político y han añadido, por si faltaran definiciones las siguientes: ‘demócratas, progresistas, catalanistas, europeístas, ecologistas’, también feministas, ‘gente solidaria’ y ‘de paz’.
Con esta declaración, ha asegurado Miquel Iceta, viceprimer secretario del PSC, el partido se sitúa en la “centralidad y moderación” que ha dejado CiU.
Más catalán
Por otro lado, los delegados han aprobado que las administraciones públicas garanticen que todos los inmigrantes tengan un nivel mínimo de las dos lenguas oficiales de Cataluña, el catalán y el español, aunque no han especificado cómo van a tener ese mismo nivel de conocimiento sí, por ejemplo, en las escuelas todas las asignaturas se explican en una sola lengua oficial, incumpliendo la normativa que especifica que los padres tienen el derecho a escoger la lengua oficial en la que quieren que sus hijos estudien.
Concretamente, el PSC ha proclamado que los poderes públicos ‘promoverán la suficiencia lingüística de los inmigrantes’, pero manteniendo ‘los principales elementos identitarios, culturales y lingüísticos’ de Cataluña, es decir que la lengua catalana seguirá prevaleciendo en el ámbito público y oficial.
miércoles, 16 de julio de 2008
MANIFIESTO CONTRA EL NACIONALISMO
lunes, 14 de julio de 2008
ANÁLISIS del MANIFEST de L’AELC, AELG I EIE
Debéis disculpar algunos defectos de redacción, o incluso ortográficos, aunque los promotores sean escritores. Pensad que han tenido que prepararlo con prisas, pactando los contenidos, en alguna lengua común que dominasen todos, probablemente el inglés, y luego traducirlo a las respectivas lenguas. Aún así, es perfectamente inteligible, aunque los argumentos no puedan ser del todo compartidos por nosotros.
Aquí empieza
MANIFEST DE L’AELC, AELG I EIE
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Davant el discurs pretesament homogeneïtzador i centralista que subjau en el “Manifiesto por la lengua común”, la Federació d’Associacions d’Escriptors GALEUSCA manifesta que: Suponemos que el “pretesament” se les ha colado, de lo contrario se podría interpretar que ellos no creen que sea verdad lo que dicen a continuación, lo de que el Manifiesto es homogeneizador y centralista.
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1. La realitat plurilingüe que conforma i dóna existència a l’estat espanyol (esta premisa es un tanto fuerte, pero seguro que saben por qué lo dicen), lluny de ser entesa com una “asimetria” o deficiència per se, reprodueix de manera transparent una diversitat lingüística i cultural comuna a la majoria d’estats que conformen l’Europa plurilingüe. En resumen: la realidad plurilingüe del estado reproduce una diversidad lingüística común a la mayoria de estados de la Europa plurilingüe. No sabemos si estar de acuerdo o no.
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2. El gallec, l’èuscar i el català no són “invents” d’ara, sinó llengües que van ser normals en els seus territoris i societats respectius durant centenars d’anys. La seva desnormalització, la seva pèrdua d’usos públics, no es van produir de manera “natural”, sinó per invasió de la llengua que fou decretada com oficial de l’estat, sense cap consulta ni acord previs. Efectivamente, las tres lenguas citadas, como todas las lenguas, son inventos, y como tantas otras, de hace mucho tiempo. No se entiende que quieran dejar claro esto. Suponemos que lo de “normales” quiere decir que tenían muchos hablantes, pero vuelven a insistir en la asociación de estas lenguas con unos territorios y sociedades propios. El caso más discutible es el vascuence, históricamente bastante minoritario en “su propio” territorio. Lo de que la “desnormalización” no fue natural es también, al menos, discutible. Las causas de que el castellano esté presente en zonas en las que también se hablan esas otras lenguas no se resumen en lo que han llamado una “invasión”. Por ejemplo, se obvian procesos históricos tan importantes como los movimientos migratorios, o los fenómenos asociados a la constitución de los estados modernos, no sólo el español, como es la centralización política y administrativa o la adopción de una lengua de la administración (la que llamamos oficial). Que llamen invasión al resultado de los movimientos de la gente, en todo caso, ayuda a entender qué mentalidad se esconde tras la citada defensa de la relación entre lengua y territorio.
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3. L’article 3 de la Constitució espanyola garanteix la presència d’aquesta llengua comuna per a tots els habitants de l’estat, mitjançant l’exigència a tots els ciutadans de l’obligació de conèixer el castellà. Tots els ciutadans de Galícia, d’Euskadi i dels Països Catalans assumeixen a la pràctica aquesta exigència, ja que no hi ha cap persona que no tingui una bona competència en castellà, independentment que el tinguin com a primera llengua o com a segona. En canvi, pel que fa al gallec, a l’èuscar i al català, la legislació no preveu l’obligació de ser coneguts en els seus respectius territoris, cosa que estableix una asimetria en els drets lingüístics dels ciutadans que volen exercir el dret, que se’ls reconeix, a usarlos. La exigencia constitucional del conocimiento del español está bastante limitada en la práctica. Por ejemplo, no se traduce en una inmersión lingüística en español de los niños catalanohablantes en España, y en cambió sí existe una inmersión obligatoria de los castellanohablantes en Cataluña. Evidentemente hay una asimetría muy importante, pero no en el sentido que nos marcan estas asociaciones. Y lo de que no hay nadie sin una buena competencia en castellano, pues simplemente no es cierto, y sólo hace falta recordar algunas declaraciones de un miembro del gobierno de la Generalitat, que levantaron ampollas en el mundo nacionalista. Una observación: en la primera versión publicada de este “Manifest”, el día 11 de julio, la última palabra de este párrafo se había escrito “usarlos”, y así ha quedado en multitud de páginas y blogs que lo reprodujeron. La falta ortográfica ha sido corregida, y ya dice “usar-los”, con el guioncito. La traidora falta de tiempo...
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4. El gallec, l’èuscar i el català també són llengües oficials en els seus territoris (Digámoslo bien, ya que las lenguas no poseen territorios. Digamos que estas lenguas son cooficiales en algunas Comunidades Autónomas), que és el mateix que dir que són les llengües pròpies d’aproximadament el 40% de la població de l’estat espanyol (Aquí se debería decir que son lenguas oficiales en territorios donde vive el 40% de la población española, que no es lo mismo que decir que son lengua materna del 40% de la población. Esta confusión se genera al introducir el concepto nacionalista de la lengua “propia” de los territorios, cuando tenemos el concepto, más claro y útil, de lengua materna de las personas). Aquests codis lingüístics diferents del castellà, legítims i en els quals es reconeix el recorregut i l’expressivitat d’un poble i d’una cultura, són instruments de comunicació igualment “democràtica”, eines de relació interpersonal útils i necessàries per a la societat que les sustenta. Por supuesto, los códigos lingüísticos diferentes al castellano son legítimos y punto. Y los códigos justamente existen por su utilidad en la relación interpersonal, como se dice. Pero que un código lingüístico concreto y no otro sea la herramienta “necesaria” para la sociedad que “la sustenta” suena algo raro.
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5. El dret a l’ús públic, en totes les instàncies, de la llengua pròpia està reconegut en totes les legislacions democràtiques del món (bueno, en realidad, lo que se reconoce en general va más allá, es el uso de cualquier lengua, sea materna o no, sea oficial o no, no hay que ser tan restrictivos). En l’àmbit europeu, cal que recordem la Carta Europea de les Llengües Regionals o Minoritàries (aprovada i ratificada per l’estat espanyol) o la Declaració Universal de Drets Lingüístics, aprovada per unanimitat pel Congrés dels Diputats (sí, estaría bien recordarlas, por ejemplo en Cataluña respecto a los castellanohablantes).
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6. La visió anul·ladora que des de l’enriquidora realitat plurilingüe espanyola es transmet des del Manifiesto ens fa pensar en la similitud de tesis de l’etapa franquista; un estat, una llengua (i una nació, una selecció, ¿a qué nos suena?) i, conseqüentment, reforçar els plantejaments diferenciadors entre ciutadans de primera i de segona per raons de llengua (también nos suena). La competència plurilingüe, també per als ciutadans espanyols nascuts en comunitats autònomes amb una única llengua oficial, sempre serà una clau que obri el món, que obri les fronteres del respecte per l’altre des de la interpretació d’una relació d’equitat entre els éssers humans, independentment del seu lloc de naixement, de residència i de llengua pròpia (sí, saber varias lenguas es beneficioso para el individuo, pero, dejémoslo claro, no puede suponer más derechos políticos). A més, el Manifiesto parteix d’una premissa que no es correspon amb la realitat, ja que en cap cas el castellà no corre cap perill en tot el territori de l’estat. Precisamente el Manifiesto deja claro que no parte de esa premisa, ya que se refiere exclusivamente a su utilización institucional y a los derechos de las personas, y no a esos supuestos derechos de las lenguas.
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7. L’aprenentatge de les llengües, a més de la pròpia (Este empeño de no utilizar el término lengua materna tiene un trasfondo plenamente nacionalista, y, de rebote, totalitario: la lengua materna es del individuo, la lengua “propia” lo es, según el nacionalismo, del territorio. Usando el término lengua propia despojan al individuo, en particular al castellanohablante, de sus derechos lingüísticos en “territorios con lengua propia”, algo completamente predemocrático y reaccionario), ha de ser entès sempre en sentit positiu i com a sinònim d’enriquiment de l’individu, ja que l’aprenentatge plurilingüe estimula l’expressivitat i el coneixement de les persones. En el cas de Galícia, Euskadi i els Països Catalans és imprescindible que la població sigui competent en les dues llengües oficials, a fi que cadascú pugui decidir lliurement quina d’elles farà servir en els diferents àmbits i situacions. És a dir, la doble competència és imprescindible per garantir la llibertat lingüística. Falso, la garantía de la libertad lingüística se encuentra en que cada uno pueda usar la lengua que más le convenga en cada momento, y también debería incluir que, por ejemplo, pueda recibir educación e información pública en cualquier lengua oficial.
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8. Per tal de garantir aquesta utilització lliure de les llengües calen mesures sorgides d’una política lingüística adequada. És a dir, per garantir els drets que tenim també els parlants del català, èuscar i gallec es necessiten polítiques lingüístiques que creïn les condicions per exercir-los, tal i com va dictar el Tribunal Constitucional en la sentència 334/1994 quan “avalava un tracte desigual, que no discriminatori, per a les dues llengües oficials en funció del caràcter propi d’una d’elles que precisa d’una acció normalitzadora que ha d’implicar, necessàriament, accions de suport singularitzat”. Esto significa que los hablantes de las lenguas consideradas por el nacionalismo como en inferioridad de condiciones tienen derecho a que las instituciones, mediante las leyes y la acción política, fuercen a los hablantes de la lengua oficial común del estado a utilizar la “propia” del territorio. Muy democrático e igualitario.
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9. Les polítiques lingüístiques aplicades a l’àmbit educatiu en les anomenades comunitats bilingües, tenen com a objectiu aconseguir que l’alumnat assoleixi una bona competència en les dues llengües oficials, independentment de quina sigui la llengua familiar (La experiencia indica que el objetivo no es éste. El objetivo, como todos sabemos, es desplazar el castellano como lengua oficial e imponer de facto un régimen de monolingüismo oficial). Per aconseguir aquest objectiu, cal desenvolupar planificacions lingüístiques (suena fuerte, pero es así) que en garanteixin la consecució i que passen, necessàriament, per la utilització vehicular majoritària de la llengua més desafavorida socialment (esto supone, en el fondo, que la “sociedad”, equivocadamente, está favoreciendo a una de las dos lenguas oficiales). I això, en lloc d’anar contra la llibertat lingüística és, precisament, una actuació imprescindible per garantir aquesta llibertat lingüística (no entendemos cómo esto se puede entender favorecedor de la libertad lingüística de los castellanohablantes, que constituyen aproximadamente la mitad de la población catalana).
10. Les escriptores i els escriptors gallecs, bascos i catalans PROCLAMEM la nostra voluntat de continuar escrivint en les nostres llengües (Cosa que nadie impide ni quiere impedir, aunque quizás habría que empezar a plantear que la industria editorial en cualquier lengua se arriesgue a entrar en un negocio en libre competencia y sin tanto apoyo del erario público. Por ejemplo, recientemente estos escritores se quejaban de que sólo un 5% de ellos pueden vivir exclusivamente de sus obras. Lo que uno se pregunta es si creen que esto pasa porque están prohibidas o porque las compra poca gente. Crearse un mercado, invertir en editoriales, atraer a los lectores escribiendo sobre cosas de interés, debe hacerse sin apoyarse tanto en el presupuesto público) i de contribuir al procés, inacabat, de la seva normalització com a dret humà, democràtic i pacífic al qual no renunciarem.
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Repudiem enèrgicament tots els intents d’EXCLUSIÓ que col·legues escriptors espanyols fan de les nostres llengües i lamentem que, en lloc de preocupar-se per la salut de l’espanyol a Puerto Rico, Costa Rica o els EUA (¿y esto qué tiene que ver con los castellanohablantes del territorio GALEUSCA?), es dediquin a combatre el més pròxim i asimètricament discriminat Bien, lo que pedimos es que cualquiera pueda escoger la lengua de escolarización, y este derecho se les ha robado a los castellanohablantes en Cataluña, aunque su lengua es cooficial, y pronto en Galicia o en el País Vasco. Esa es, en definitiva, la mayor discriminación lingüística actualmente existente en España. Empecemos por ella.
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11 de juliol de 2008
Associació d’Escriptors en Llengua Catalana (AELC)
Asociación de Escritores en Lingua Galega (AELG)
Euskal Idazleen Elkartea (EIE)
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y aquí acaba.